viernes, 19 de febrero de 2021


 

Estoy bloqueada.

Es una frase que repite constantemente mi cerebro cada vez que pienso en mis historias, ahí, solas, a la deriva, quizás con un sentimiento de abandono por parte de su madre que las dejó en pausa porque no sabe como hilar la historia. La frase repiquetea en mi mente, como gotas de lluvia sobre un charco ya formado, molesto y discordante.

Leí un artículo sobre consejos para lidiar con el bloqueo y he intentado varios, sin éxito. Así que recordé que antes de decidir esto de la escritura en serio y plasmar una historia que si soy honesta comencé cuando era adolescente, tenía un blog. Perdí mi primer blog por problemas con el correo y entonces decidí abrir uno nuevo, quizás llevar alguno de mis artículos anteriores a este o probar un nuevo giro para mi espacio.

Y comencé a teclear frenéticamente, intentando no recordar mis novelas, solo lanzando palabras aquí como queriendo deshacerme del peso de todas mis dudas, de todo ese miedo, de toda esta histeria interna. Amo mis historias, sobre todo la primera, amo a mis personajes que creé siendo más inmadura pero que he moldeado, desarrollado y a los que quiero darles una trama justa y como siempre lo deseé.

Cuando comencé a escribir desde pequeña, descubrí que era algo que disfrutaba, que la imaginación y lo que puedes plasmar en papel no tiene límites. Mi primer encuentro con este amor a las letras fue como en tercero o cuarto de primaria (sí, como a los 8 años) cuando la maestra nos encomendó una tarea sobre escribir un cuento, lo hice en pareja con una gran amiga. Me gustó tanto el proceso de crear la historia, de imaginar, de inventar, fue un gran descubrimiento para mí. Me sorprendí a mi misma tiempo después releyendo la historia y queriendo hacer una segunda parte, y la hice.

Con el internet, llegaron los blogs y las redes sociales. Usaba la escritura también como una catarsis muy efectiva, por cierto para aplacar un poco mi hiperactividad mental. Me cuesta mucho concentrarme en una sola cosa. Me he encontrado completamente ensimismada sintiéndome deprimida y triste por pensar que no podré continuar. Tenía años sin escribir terapéuticamente para mí, como desahogo, como un grito en papel.

Creo que necesitaba vaciar mi mente. Quiero escribir pero no encuentro una posición cómoda porque me duele la espalda. Quiero escribir pero el trabajo me absorbe y estoy exhausta cuando estoy disponible. Quiero escribir pero no sé cómo hilar le siguiente escena. Quiero escribir y me da miedo la opinión de los demás. Quiero escribir pero pienso que las personas que comenzaron a leer mi historia con algo de interés ya no crean en mí o la han dejado atrás pensando que no la terminaré.

Ahora bien, vamos a tachar todos los peros y vamos a quedaros con los quiero. Lo que es más, tachemos todo y sólo dejemos: Quiero escribir porque puedo, porque me apasiona, porque me nutre, porque me llena. A veces creo que estoy a la deriva sin encontrar aún un género en el que encaje mi estilo, pero qué más da. Ya surgirá uno nuevo o encontraré mi patrón, por ahora quiero terminar lo que comencé, poder decirme a mí misma “Lo hice”, no dejar a aquellas personas que comenzaron este viaje literario conmigo en blanco.

Estoy bloqueada, pero solamente yo puedo encontrar la forma de desbloquearme. Y escribir esto es parte de esa terapia, guardaré esto, esperando que en un futuro si tengo un nuevo bloqueo pueda leerlo y darme ánimos. Y lo suelto para que tú, que lees, tú que escribes, si pasas por lo mismo o bien quizás no enfrentes el mismo bloqueo pero necesitas algo de aliento, te sirva o lo puedas aplicar a tu situación.

Mis más grandes respetos a todas aquellas personas que logran terminar una historia, sea de la trama que sea, de la longitud que sea, sea conocida o si solo escribe para sí misma. Grandes.  

Intentaré la escritura automática y ya luego si funciona veremos los resultados. Por ahora, asumo que soy víctima de la procrastinación. Y dejo de martirizarme y torturarme a mi misma con mis miedos e incertidumbres. La vida sigue, la escritura es un arte y no puedes ponerle riendas al arte. Así que me despido con lo siguiente:

Estoy bloqueada, pero eso está bien.

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